Somos muchos los de marzo

Dijiste después de haber empezado la charla y asimilar que vamos juntos en el bondi. No me extrañé demasiado al verte entrar. El abrazo fué muy sincero también. Te abrace un poco para insistir en silencio de que me acompañes. Tengo una sensación de hartazgo con los colectivos y las rutas. Me la pasé viajando toda mi vida en un asiento prestado para vivir de nómade en la capital. Me resulta obligatorio que suceda algo. Siempre que estoy en un viaje espero alguna anécdota. 

Que egoísta. Te pedí sin decirte y con un abrazo que te sientes conmigo. 

Se me hace divertido observar a las personas que van subiendo cuando ya me senté. Seleccionan con quien viajar, ¿viste?. Miran y categorizan las caras. Nosotros ahí sentados también miramos, vemos con quien vamos a compartir el viaje. Que curioso el humano.

Me dió mucha risa como metiste adentro de bolsitas a las personas, clasificándolas por su signo zodiacal. Fué muy visual. 

¿Que habré estado haciendo el día de tu natalicio? Lo pensé cuando bajé por la ruta nueve en la estación de servicio. No estamos muy lejos de tu marzo que ya pasó y mi marzo fué extraño como siempre. 

La charla con las personas y en el cotidiano es un constante tirando para no aflojar. ¿No lo notaste? Siempre es un año raro, extraño, difícil, educativo, de mierda, bla. 

¿Tenés el recuerdo de cuándo tuviste un buen año?, Me refiero a un AÑAZO, en mayúsculas y gesticulando con las dos manos el tremendo añazo que tuviste. 

A mí me da la sensación de que la felicidad o esa búsqueda de bienestar personal que reflexionamos con el tiempo nunca es a ese nivel tan macro. De por sí, psicológicamente somos memoriosos de lo triste. Qué irónico, No? Buscamos siempre la felicidad recordando la tristeza. Y cuando recordamos la felicidad pareciera como un mimo eximio. Como si tuviéramos miedo de perderlo. Como si nunca más fuéramos a ser felices. Que dramáticos… googlealo si querés. Lo dice la psicología. O por que soy hijo de mi papá y  él suele ser una persona que tiende a la melancolía. Como su madre. 

No te conté cómo fueron mis días que pasaron, creo. Reflexiono y pienso que por esa hora de viaje realmente me distraje y pensé por primera vez sobre otras cosas. De hecho es todo demasiado casual:

Anoche me emborraché, llegué a casa y me dormí. No solo por el verbo sino también porque me dormí para viajar. Tenía que irme por la mañana. Me quedé sin horarios a Totoral. Tenía un próximo colectivo a mi pueblo recién en dos horas y por eso viajé en ese que nos encontró. Intenté subir en otros bondis de la zona mientras rezongaba porque quería sentarme en alguno que, a esta altura, solo me acerque a mi pueblo. Ni si quiera que me deje ahí. 

Eventualmente, viajo en esos colectivos sin mi destino. Me dejan en el “empalme” en la ruta nueve en el medio de la nada con una pequeña estación de servicio y algún familiar me busca en el auto. Siempre o casi siempre es mi hermano Isaias quien acude. Esta vez él no puede buscarme. Dudo mucho que pueda buscarme en mucho tiempo. Y no puede hacerlo por el motivo que estoy yendo a Totoral. 

Te vi idéntica también. Estas exactamente igual a lo que mi memoria me recuerda. Me acordaba recién mientras me servía un toque más de vino, que me quedó resonando el hecho de que nunca tuvimos un plan juntos. Siempre fué eventual así como este viaje en el bondi. 

¿No te parece extraño cómo a veces con las personas tenemos química y capaz es solamente eso?.

¿Por qué nunca nos juntamos?. Sos artista visual y no conozco tu color favorito. Es como si no supieras que me gusta Fito Páez. Que dramático… 

El mío es el Azul de Prusia o de Berlín. Ese color tiene una historia hermosa. ¿Viste cuando hablábamos de los modos de ver o de escuchar? Me estoy dando cuenta que tengo un color favorito. Ahí hay algo. No soy tan anósmico de vista debe ser. 

Es como un azul intenso. Más que el cobalto. Me gusta más llamarlo Cyan de Prusia. Vuelve al color más elocuente. Más sobrio. Me gusta porque no es como yo. 

¿Cuál será tu color favorito?. Ahora creo que no quiero saberlo. Pierde la magia. ¿Me lo dirías?.

Somos muchos los de diciembre también. Y soy de los primeros humanos de diciembre porque aparecí un primero por la madrugada. Muy de sagitario el comentario.  Mi nacimiento es el día posterior al nacimiento de mi madre. En mi familia se armó el hábito de festejar un cumpleaños por dos días seguidos desde que yo nací. 

¿Tu vieja también es de marzo?  Estaba pensando si llegamos a vivir algún cumpleaños juntos. Hablamos de eso me parece. 

Estoy pensando en mandarte esta carta y me divierte pensar si todavía estás agendada en mi celular. Ya nos vamos a enterar. 

Qué día tan casual. Capaz ahora nos toca alguna eventualidad que no lo sea y me contás de tu color favorito. 

Te mando un beso, Flor. 

Sami.

PD: A todo esto me estoy dando cuenta que no se que día de marzo sos.